miércoles, mayo 20, 2009

Elecciones otra vez

Europeas tocan, señores. Tenemos que elegir a los tipos que vamos a mandar al culo del mundo a pegarse la vida padre tocándose los huevos y cobrando un pastizábal. Además, los tipos en cuestión tienen la costumbre de ser viejas glorias jubiladas.

¿Hacen algo los europarlamentarios? Buena pregunta. No soy politólogo, pero mi percepción personal es que más bien poco. Y es una percepción habitual, porque si no no se explican los índices de participación en el referéndum de la Constitución aquélla (en el resto de Europa, les interesa más o menos lo mismo, pero la valoración es peor aún).

Tenemos en el PSOE una lista en la que están Maleni "predicción" Álvarez y Carmen "jóvenas" Romero, con una línea editorial con la que simpatizo como con una patada entre el hígado y el bazo. En el PP, más cercanos a mis ideas pero no acertando en la diana y actualmente más perdidos que un pulpo en un garaje, tenemos de cabeza a Mayor Oreja, un tipo al que, tras oír una barbaridad que me puso los pelos de punta en una campaña vasca hace la tira de años, metí en el mismo saco que a Esperanza Aguirre: que les vote su santa madre, que el menda tiene unos ciertos principios. ¿Izquierda Unida? Amos, anda. Para eso, el Partido Pirata, o Amigos del Cannabis o algo por el estilo. ¿Lo más probable? que no vaya a votar. Son unas elecciones con partidos con los que no simpatizo con candidatos que han aparcado de la política nacional (la importante, vamos) a discutir sobre el sexo de los ángeles a un sitio donde las dietas son la hostia. Mira, mejor no, mejor me abstengo y santas pascuas.

A lo que iba, que me desvío.

Hace unos días apareció en la carretera que va al polígono el primer cartel. Los más madrugadores fueron los peperos, y nos obsequiaron con esta cara de Don Jaime (Mayor Oreja, no Marichalar):

La primera sensación que tuve fue de grima. Vale, puede ser el rechazo personal que siento por él. Pero es que mi mujer dijo "tiene cara de demonio".

En el momento, no me pareció que tuviera razón. No se parece a esas caras rojas afiladas con cuernos, como el demonio típico.

Pero dándole vueltas, días después, sí que empezó a parecerme demoniaco. No del típico que te pincha con un tridente cuando estás en un caldero al fuego, sino del tipo negociador, de ese que viene a hacerte una oferta por tu alma cual banquero tras tus ahorros. ¿Y si le damos un toque rojizo a esa foto...?


No, buen rollo no me da. Y no me ofrezca soluciones ni nada por mi alma, que aún la he usado poco y no tengo ganas de venderla.

Vamos, que no. Que no voy a votar a ninguno. Y o la cosa cambia mucho, o esto es el primer paso de una costumbre.

2 comentarios:

polilla dijo...

lo primero de todo, enhorabuena por ser capaz de expresar tus ideas sin ofender (es dificil encontrarlo hoy en día, y es bueno reconocerlo).

estoy contigo en cuanto a la sensación que me producen estas elecciones, pero como le digo a todo el mundo que me dice que pasa de votar... te digo, ¿por qué no votas en blanco?, no sé, tengo muy arraigado lo de ir a votar sí o sí...

en fin, espero que no nos den mucho la lata con los mítines y demás..

Enrique Acebes dijo...

Gracias por lo de que no ofendo. A veces, y con según qué gente, parece que en cuanto dices "pues yo en las últimas voté al PP" ya te estuvieras metiendo con su madre.

Y respecto a lo de votar en blanco... he vivido varios procesos electorales desde dentro, y acabé enterándome de que el voto en blanco se interpreta como que aceptas la decisión de la mayoría y se reparte proporcionalmente entre todos los partidos. Así que en unas europeas, un hipotético voto en blanco mandaría un 40% al PSOE, otro 40% al PP, un 3% a IU, otro 3% a Rosa Díez... ¡Incluso parte al entorno proetarra, si es que al final consiguen colar una lista!

Vamos, que por higiene mental, no podría hacerlo. Si acaso, un voto nulo, eso de meter un papel en blanco en el que haya escrito previamente "Voto a Bríos" o algo así, que al menos hará que los pobres sufridores de la mesa se rían un poco en el recuento...