miércoles, marzo 14, 2007

All is right

Bienvenidos a una nueva (y tardía) actualización, mis escasos lectores.

Como ya anuncié tiempo ha, me he cambiado de trabajo. Y de casa. Y de ciudad. Y de compañías que frecuento.

A las compañías las echo de menos, a la ciudad siempre la extrañaré (no hay ciudad como Madrid en todo el mundo, decía un representante de CAT que teníamos allí, y tiene toda la puta razón), a la familia seguiré viéndola, aunque ojalá fuera con más frecuencia.

Y luego está el trabajo.

Mi nuevo puesto es jefe de taller/adjunto a gerencia en una PYME. Menudo cambio respecto a ser un respetado ingeniero en una prestigiosa multinacional. Aunque hay quien dice que mejor cabeza de ratón que culo de león...

Me está costando sangre, sudor y lágrimas habituarme a mi nuevo puesto. Antes había alguna que otra urgencia, sí. Pero cuando necesitabas meditar algo, podías tomarte 10 minutos para exclusivamente pensar si lo necesitabas.

Ahora todo son prisas. Todos los clientes quieren todo para ya mismo. Y es difícil (por no decir imposible) dar salida antes de las tres a cuatro trabajos que te acaban de traer a media mañana que tiene que hacer el mismo operario.

Antes se me consultaba casi cualquier cosa relacionada con mi área. Incluso decidía políticas de comercialización de productos, aunque mis responsabilidades eran de carácter exclusivamente técnico.

Ahora no paro de oír cosas del tipo “a ver si prestas más atención, que no te enteras, coño”. Y es difícil enterarse de un trabajo que lleva en danza por el taller seis meses cuando tú llevas cuatro días (lo de cuatro no es una frase hecha).

Antes no paraban de decirnos lo majos que éramos, y nosotros nos reíamos diciendo que la única motivación que tenemos para trabajar es el dinero.

Ahora se echa de menos la palmadita en la espalda. Los cabrones tenían razón, es necesaria. Pero cuando no has probado otra cosa, la das por supuesta (eso va por ti, scarvenger, valora lo que tienes).

Pero poco a poco me voy acostumbrando. Hoy mismo, el 90% de los trabajos que tengo repartidos entre mis 15-20 operarios los he organizado yo. Y les he preparado tareas para cuando acaben. Así que he podido sentarme en mi despacho y fumarme tranquilamente un cigarro durante 5 minutillos. ¿Ley antitabaco? No, gracias.

Quizás no sea idílica la vida, pero desde que he empezado aquí hace menos de dos semanas, hoy es el primer día que siento que puedo decir:

All is right and God is in his heaven.

2 comentarios:

Raúl Martos dijo...

¡El trabajo dignifica! ¿Ya te sientes digno?

Elektra Natchios dijo...

Mooola, un respetable ingeniero más heavy que Crom, yo quiero ser como tú!!

Suerte con tu nueva batalla :)

Y ten cuidado que no te pillen con lo del tabaco ;)