lunes, abril 19, 2010

Churras, merinas, segureñas, ripollesas, ojaladas y lachas, todas ellas mezcladas.

Vaya por delante, una vez más, que no soy ni remotamente monárquico. Los que me conocen, lo saben. Y los que no, me juego que en dos párrafos están pensando que soy un fascista (en la acepción "no tengo ni puta idea de lo que hablo, pero como lo que dice este tío no es lo que me dicen que tengo que pensar, entonces es un fascista"). ¿Mi sistema de gobierno utópico? Pues el libertarismo, pero dado que los anarcocapitalistas somos cuatro y mal organizados, se queda en eso, en utópico. Así que, de lo que hay que más o menos funciona, me quedo con la República. Y como vuelva a oír una vez más que los de derechas no pueden ser republicanos (no tengo dedos suficientes para contar las veces que he oído tamaña memez), utilizaré como arma una lanza con las banderas de Estados Unidos, Alemania y Francia.

Vamos a jugar a la política-ficción. Pongamos un par de casos hipotéticos que afortunadamente no ocurrieron, a ver qué reacciones dan.

Supuesto 1.

Las últimas elecciones europeas las ganó el PP. Después de proclamar la victoria, Rajoy dice que España se ha levantado popular y que Zapatero ya puede ir tomando las de Villadiego, que las urnas han dicho que no le quieren y que o dimite y se larga o no se garantiza su supervivencia. Hordas de peperos enfervorecidos toman las calles, y aunque no se habían votado unas elecciones generales, a los que les conviene se lo toman como tal.

¿Cómo llamamos a este hipotético acontecimiento? Yo lo tendría claro, el PP habría dado un golpe de estado. Mezclado con amenazas de muerte y tal, el gobierno surgido de un caso así no merecería más que el más absoluto de los desprecios.

Supuesto 2.

Año 2004, se votan elecciones generales. El PSOE gana las elecciones por una mayoría bastante holgada. Juan Carlos I, jefe del estado, decide que ese resultado no es conveniente y le encarga a Mariano Rajoy que forme gobierno. Eso sí, ya que el PSOE ha ganado las elecciones, recomienda que meta un par de ministros socialistas. Incluso tres.

¿Y qué ha pasado aquí? Pues que entre el Rey y el partido perdedor de las elecciones se han pasado la democracia y la voluntad popular por el forro de los cojones, dejando claro que están ahí por lo que están y que el pueblo les importa un carajo.


Ahora vamos a hacer un paralelismo con estos dos supuestos.

Hecho 1.

En 1931 hubo unas elecciones municipales en las que los partidos republicanos arrasaron. No era un referéndum sobre el modelo de gobierno, no eran unas elecciones a cortes. Se votaban putos concejales de ayuntamientos. Pero resulta que los Republicanos decidieron que era más que suficiente y que o Alfonso XIII (nefasto jefe del estado, aunque no tanto como Fernando VII) se largaba o lo pasaban a cuchillo. Uno de los que apoyaron al pieza de Niceto Alcalá Zamora fue José Sanjurjo, por cierto. Aquí, a diferencia del Supuesto 1, todos eran muy majos, muy buena gente y miraban mucho por el pueblo, que no quería monarquía ni en pintura, en lugar de unos putos golpistas que se pasaron por el forro toda legalidad. Y cuando el mismo José Sanjurjo, en su línea, encabezó otro levantamiento contra el gobierno establecido cinco años después (seguido por Emilio Mola y Francisco Franco), ya no era de los buenos.

Hecho 2.

En 1934, primeras elecciones con sufragio femenino, gana las elecciones la derecha (monárquica, por cierto) de Gil Robles. ¿Quiénes fueron los presidentes del gobierno nombrados por Alcalá Zamora? Seguro que suenan los nombres de Alejandro Lerroux y Ricardo Samper, ambos del Partido Radical Republicano, el derrotado en las elecciones.

Y ahora todo el mundo es doctor en historia desde los jaleos de Garzón, y nos pretenden hacer ver que la II República era la materialización de la democracia y el respeto a la voluntad popular frente al golpista y antidemocrático franquismo que vino después. Amos, no me jodas. Que República sí, pero así no.